En Cuba, tiempos ha, los mayores atemorizaban a los niños, y acaso también se atemorizaban ellos, con el Coco. Si estaban fuera de la casa a las nueve de la noche, la hora del cañonazo, el Coco podía llevárselos en su saco. Era un ser horrendo, con infinidad de formas y rostros…
Dicen quienes lo han hecho que llegar a La Habana por mar es un espectáculo que se fija en la memoria para siempre. El sol y el viento bruñen las aguas y estas embisten el Malecón con un oleaje alto que estalla en fragor y espuma mientras la ciudad se perfila cada vez con mayor nitidez.
Esta es una historia tremenda. El lunes 25 de marzo de 1946 se esfumaba misteriosamente el brillante de 25 quilates que en el Capitolio Nacional marcaba el kilómetro cero de todas las distancias de la Isla.
Esta historia tiene dos caras. Una, romántica, gusta a casi todo el mundo. La otra, que gusta menos o no gusta nada, es dura y fría; realista para decirlo en una sola palabra. En la cara amable, como en toda buena historia, hay amor, ilusión, odio, frustración, muerte…
¿Podemos ayudarte?
1
Social
Hola! ¿Necesitas más información sobre nuestra revista?