Materiales y técnicas

La arquitectura cubana tiene tres momentos en los cuales se puede resumir toda su obra realizada: la Colonia, la República y la Revolución. Si bien en cada uno aparecen realizaciones de una gran diversidad por los temas, los estilos definidos de formas constructivas utilizadas; derivados de aspectos socio-culturales, económicos y políticos muy particulares, estos grandes períodos generalizan situaciones muy semejantes que los caracterizan como tal. El último de estos tres momentos también resulta diverso pues tiene su génesis en la experimentación en un nuevo sistema social bajo la influencia de la arquitectura moderna realizada en la década del 50, clasificándose muchas de sus obras de los años iniciales dentro de esta corriente. Luego se transforma porque responde a una gran demanda constructiva de carácter masivo, que se ve interrumpido por una crisis económica que acontece tras la caída del campo socialista y su repercusión en la Cuba, que obligó abuscar alternativas y respuestas diferentes a una nación que posteriormente se abrió al mundo a través del turismo y la inversión extranjera. Es importante precisar que para cada momento pueden aparecer excepcionalidades y a la vez pueden coexistir tendencias diferentes, y que, aunque se mencionen obras y autores, tampoco se trata de evaluar dichas realizaciones sino ejemplificar estos procesos a través de los proyectos donde se materializaron.

Un sistema constructivo resulta de la suma de muchos aspectos o factores, sin embargo hay dos que los condicionan o lo definen, por un lado los materiales utilizados en una obra y por otro el tipo de estructura. Otro aspecto a tener en cuenta, son los métodos y técnicas empleadas.

En la década del 50 del siglo XX se generaliza a gran escala el uso del hormigón armado a partir de la apertura de fábricas de cemento en Cuba. Las estructuras portantes de esqueleto y la losa plana horizontal constituyen la máxima expresión de la obra realizada en estos años. También se asiste con gran fuerza a la utilización de losas inclinadas, en algunos casos de gran pendiente, losas plegadas; y arcos, bóvedas y cáscaras de hormigón. Aunque predomina la vivienda aislada de baja altura, existen todos los recursos para la construcción de edificiosaltos los cuales aparecen principalmente en la capital del país.

Aunque el hormigón armado y estas estructuras aportaron gran parte de la imagen de la arquitectura de estos años, caracterizada entre otras cosas por grandes aleros, balcones, marquesinas y voladizos, no se renuncia al muro tradicional de ladrillos, piedras, o construido por piezas, y a la teja en cubiertas inclinadas del tipo ligera con soporte de madera. Las estructuras en muchos casos constituyen elementos expresivos que no se ocultan para enfatizar la fortaleza y seguridad de la obra, o buscar un diálogo con volúmenes puros u otros elementos compositivos. Desde el punto de vista tecnológico,

la gran mayoría de las obras se ejecuta con la fabricación del hormigón in situ, aunque aparecen los primeros intentos de prefabricación en los quiebrasoles de hormigones de baja densidad, utilizadosfrecuentemente en edificios altos y en la audaz solución de los Talleres de la Universidad de Villanueva, que se terminan en 1959.

PLURALIDAD Y EXPERIMENTACIÓN

El triunfo de la Revolución cubana en 1959 significó un cambio en el proyecto social que se construiría a partir de entonces, y la política de gobierno que se implementaría para concretarla influenció marcadamente la arquitectura. Se inician de forma los planes educacionales y de viviendas para necesidades muy marcadas o demandas específicas, y se prioriza la masividad. En sentido general predomina en esta etapa la heterogeneidad en las tecnologías y los sistemas constructivos utilizados en correspondencia a la búsqueda de diferentes conceptos y a la experimentación, se tiende a diversificar la forma y las propias soluciones para construir, aunque se mantienen rasgos del modernismo de la década del 50. Obras muy conocidas construidas a partir del hormigón fabricado in situ son la Heladería Coppelia de La Habana y el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) 1965, que aparecen como ejemplos singulares de una gran elaboración. En el CNIC su influencia brutalista resulta de la fuerza expresiva de los elementos curvos utilizados en la entrada, que se jerarquiza en relación a los bloques horizontales resueltos con estructura de esqueleto. En el Coppelia la estructura se desnuda para servir de sostén a un pabellón que se corona con una losa o cúpula rebajada, pero su plasticidad se ofrece en su interior nervado.

En cuanto a la construcción de Coppelia, el jardín que rodea a la heladería sirve de umbral y se introduce bajo la cubierta, difuminando los límites entre interior y exterior. Desde fuera el edificio se percibe de un modo horizontal. La gran cúpula, casi plana y de gruesas proporciones, se extiende hacia el jardín mediante unas grandes vigas de hormigón de ángulos rectos que desaparecen tras la frondosidad de los árboles. Esta horizontalidad se transforma al llegar a los pies del núcleo central del edificio: desde ese punto, el espacio se percibe vertical, acentuado por la masividad de la escalera, y su geometría helicoidal construida en terrazo nos dirige hacia la planta superior donde predomina la oscuridad, pues sólo una tenue luz filtrada a través del pináculo central ilumina el acceso en el segundo piso. El pasamanos de la escalera destaca como elemento de transición y enfatiza la verticalidad de la entrada; sus proporciones y el carácter escultórico apuntando hacia el lucernario dan paso a una barandilla en el nivel superior, esta vez de madera.

La sutileza de los muros-celosía, que tienen una altura de dos metros y medio y no llegan hasta la cubierta, hacen que el espacio se unifique mediante la rotunda geometría de la cúpula. Su entramado triangular se va compactando al llegar al pináculo central, lo que enfatiza la centralidad del espacio interior y consigue que las particiones de madera entre los salones pierdan presencia. La cafetería se alza seis metros sobre el nivel del suelo, coincidiendo la vista de los comensales con las copas de los árboles y bloqueando cualquier vista más allá del jardín que rodea al edificio y desconecta la vista del visitante con el paisaje exterior. La elevación del edificio con respecto a la calle y la exuberante capa de vegetación exterior generan un efecto de reclusión en el interior, esto reduce la percepción inicial de un edificio con planta centrífuga. Sin embargo, el espacio interior no se percibe como un lugar íntimo, porque al igual que el aire fluye entre los salones, a través de las celosías de madera, una ligera reverberación discurre por la heladería provocando un efecto de restaurante familiar.

Roberto Segre nos habla de la influencia del brutalismo y japonesa también en este edificio del CNIC, la presencia protagónica de los quiebrasoles curvos, la curva del techo de entrada, sirven para contraponerse a la caja estructural cartesiana que condiciona los espacios interiores de maneras independientes. El proyecto se compone de dos grandes bloques dedicados a oficinas y laboratorios, unidos por un elemento de ingreso y alineados paralelamente a la calle de acceso. Lascondiciones del terreno (apaisado, sin perspectiva, cerrado al frente por la calle y al fondo por una brusca elevación) junto con ciertos reajustes del programa, limitaron el crecimiento inmediato a una segunda franja paralela a la primera, que alberga los comedores, talleres y almacenes. El primer bloque, se trata de una construcción alargada enmascarada por un sistema de “brisesoleil” (una condicional muy estricta del programa era impedir totalmente la entrada directa de sol en los laboratorios), verdaderos remos de hormigón que dan al edificio el aspecto amenazante de una galera turca. Estas formas, al repetirse, crean un ritmo horizontal muy fuerte que aumenta el largo aparente y neutraliza la mejoría en proporciones que, sobre el proyecto inicial, significó el aumento en altura del bloque por el nuevo proyectista.

El segundo bloque, está construido con un sistema mixto de columnas y vigas fundidas en el lugar, losas enparte prefabricadas y en parte in situ. 

La competencia de formas con el primer edificio era muy fuerte, por lo que se apeló a un elemento de transición que correspondería al vestíbulo general y que se convirtió paradójicamente en el foco de la composición: grandes masas curvas de hormigón expuesto trabajadas a escala monumental, con detalles tan complicados y exquisitos que hacen pensar en el masoquismo arquitectónico de crear problemas por el solo gusto de resolverlos. El resultado es una especie de Town Hall japonés con vitrales coloniales cubanos, que contrasta tanto con el dinamismo gratuito del primer bloque, como con la austeridad del segundo.

“Es quizás demasiado pronto para valorar la obra.” Escribió el gran arquitecto Coyula cuando en 1966 aún faltaba por terminar un edificio y por construir la torre de escaleras secundarias que, aunque “esculpida” a la manera del vestíbulo, contribuiría indudablemente a balancear una composición demasiado frontalista. Sin embargo, hoy día sería injusto ignorar las dificultades de una obra de esta envergadura, donde el arquitectodebió incorporar un proyecto anterior muy caracterizado, y donde una serie de imprecisiones lógicas en un programa nuevo para la arquitectura cubana, se reflejaron en cambios importantes en la construcción, las técnicas y materiales que se usarían en las décadas siguientes.

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