Resulta bastante insólito, pero es un hecho cierto que después de muchas indagaciones y búsquedas, el artista José Manuel Mesías ha logrado finalmente encontrar el sombrero que usó el Mayor General Ignacio Agramonte el día de su muerte. Se trata de un sombrero de yarey de aspecto más o menos corriente, ordinario, como el que usaban otros muchos mambises. Al parecer, el viento lo mantuvo dando vueltas y vueltas entre los matorrales del potrero de Jimaguayú desde aquel lejanísimo 11 de mayo de 1873 sin que nadie se percatara de él o se imaginara que el sombrero podía pertenecer a El Mayor. Un campesino de la zona lo recogió y estuvo usándolo durante un tiempo, y al morir años después, uno de sus muchos bisnietos decidió guardarlo como recuerdo entre las humildes pertenecías de su bisabuelo, sin sospechar que su verdadero portador fue nada menos que uno de los próceres de la independencia de Cuba. A pesar del tiempo transcurrido, su estado de conservación es bastante aceptable, de ahí que al principio se desconfiara de la autenticidad del hallazgo. Pero, ¿a quién podría ocurrírsele la idea de presentar un sombrero cualquiera y atribuirlo a uno de los libertadores? Por suerte, ya no existe la menor duda: una reseca mancha de sangre y la doble perforación que presenta en ambos extremos coincide con la entrada y salida de la bala, tal y como se registra en los documentos de la época.
No obstante, Mesías tuvo que afrontar severas y hasta ofensivas críticas de parte de algunos intransigentes historiadores camagüeyanos que se opusieron rotundamente a la exhibición de tan importante reliquia, argumentando que la vitrina utilizada presentaba dos de sus cristales innecesariamente agujereados exactamente en los lugares del fatídico balazo que atravesó su cabeza, lo cual “teatralizaba de manera innecesaria la muerte de El Mayor”. “No hay necesidad alguna de armar ahora aquel ensangrentado rompecabezas”—rugióuno de los letrados, sin llegar a entender otra obra de Mesías que despliega una serie de papeles rasgados que en su conjunto crean una imagen atomizada, descompuesta del rostro de Agramonte. Pero ¿no era justamente esa imposibilidad de lograr su retrato, presentándolo en forma de big bang, de gran explosión, lo que había intentado expresar el artista? A pesar de estos contratiempos e incomprensiones, el sombrero y los fragmentos fueron finalmente expuestos con gran aceptación sobre todo del público más joven, acostumbrado a todo tipo de situaciones confusas, híbridas y a las presentaciones sorprendentes y dramáticas, ya sea de obras de arte o de objetos arqueológicos, etnográficos o históricos. Tratándose de objetos ¿qué necesidad habría de diferenciarlos?
Actualmente Mesías se encuentra enfrascado en la búsqueda del desaparecido sable del propio Agramonte y de un mechón de pelos que le fue recortado a su cadáver por Esteban Castillo. Es cierto que no son objetos llamativos, ni aportan gran conocimiento sobre la valerosa vida del patriota, pero cuando se trata de grandes figuras siempre existe esa inclinación fetichista por conservar y exhibir sus reliquias. En este caso, las pistas para hallar los objetos perdidos son escasas, insuficientes, pero Mesías ha pintado una gran tela al óleo que describe, con sombrío realismo decimonónico, el sitio en que reposaba el cadáver en el Convento de San Juan de Dios en Camagüey, así como los personajes que se hallaban presentes. Todos han muerto, desde luego, pero el artista tiene la absoluta certeza de que la evocación visual de ese instante y de esos personajes le permitirá detectar nuevos indicios y acelerar los hallazgos. En ese curioso empeño, no me parece impertinente señalar la presencia de una pequeña obra o artefacto dedicado al General de Brigada Juan Bruno Zayas, conocido entre los viejos espiritistas como el Médico del Espacio. Desconozco el funcionamiento exacto de ese dispositivo — que algunos han definido como una “asistencia”– pero probablemente se trate de un instrumento auxiliar en esas pesquisas.Como un avance prometedor, sabemos que la urna de cedro y cristal en que una vez reposó dicho sable, la misma que mandó construir el coronel Rodríguez de León y que fue expuesta previamente en el Casino Español de Camagüey ha sido localizado, así como el pequeño sobre en que fueron enviadas a Estado Unidos las guedejas del guerrero. De manera que hay grandes esperanzas en el futuro éxito de este proceso.
Algunas notas sobre Mesías
Hay otras muchas cosas que me gustaría decir sobre la actividad investigativa y artística de Jose Manuel Mesías, pero trataré de evitar definiciones y explicaciones sobre su complejo sistema creativo, el cual, para que ofrezca mayor provecho intelectual, espiritual, estético, debe permanecer más o menos oscuro, velado, clandestino.
Es lo mismo que hacemos dentro de algunas prácticas religiosas al guardar silencio o decir lo contrario sobre aspectos secretos, esotéricos. De manera que con letra pequeña, minúscula, anotaré algunas ideas que debieran leerse de manera rápida y superficial con el fin de olvidarlas.
1- Mesías utiliza hechos y personajes históricos en sus últimas obras, pero su interés no es propiamente “lo histórico” que es siempre una narración objetiva y de carácter genérico, panorámico, donde los sucesos son vistos a distancia, como a vuelo de pájaro. Por el contrario, su obra se interesa por detalles anecdóticos, por datos curiosos, enigmáticos, por los rumores y leyendas que rodean a esos acontecimientos y personajes históricos. A veces acerca tanto la lupa a esas realidades que las imágenes pueden parecer atroces, chocantes, o deformadas. Aunque probablemente es nuestra visión, nuestra mentalidad, la que está deformada.
2- Mesías representa a oficiales y soldados del ejército mambí, pero no en los momentos de su actividad guerrera ni en actitudes victoriosas sino solo en el momento de su muerte, o donde están presentes sus heridas. Podría decirse queno son representados como héroes sino como mártires, o incluso como víctimas. Solo en una ocasión, que yo recuerde, los soldados cubanos se hallan a punto de entrar al combate, sentados en su cabalgadura, dispuestos a lanzarse al galope, pero es difícil distinguirlos porque frente a ellos existe un enorme telón de lluvia. La muerte, las heridas, el martirio parecen ser temas más evidentes que lo histórico o lo patriótico.
3- Su obra no solo se interesa por los personajes ilustres de la guerra (Céspedes, Agramonte, Maceo, Calixto García, etc.) sino por personajes negativos, por bandoleros (como el caso de Matagás y su pandilla), por las escenas ilegales, inmorales, que no debieron suceder entre las tropas independentistas. Se sale de la narración histórica de carácter noble, honorable, ética, para señalar también los vicios y lacras que estaban presentes. Podría decirse que los “desastres” de la guerra forman parte esencial de sus intereses, las aberraciones y delirios de algunos de sus dirigentes (como el caso del enloquecido General Rosas, que poseía tres soldados a quienes montaba como a verdaderos “caballos”).
4- Sus fuentes documentales no son principalmente los textos canónicos de historiadores renombrados (aunque los consulta) sino los textos marginales, secundarios, en especial los “diarios de campaña”, o los testimonios producidos posteriormente por participantes directos en la contienda independentista (como el libro de memorias de José Isabel Herrera, “Mangoché”). En ese tipo de documentos hay más posibilidades de que aparezcan reflejadas esas situaciones anómalas, fuera de la norma, aunque totalmente habituales en cualquier guerra.
5- Es curioso que Mesías se interese por las guerras de independencia del siglo 19. A pesar del entusiasmo patriótico, nacionalista, anticolonialista, que pudiera deducirse de esta opción temática (o pseudo-temática), su obra refleja un distanciamiento o un desinterés por la historia cubana más reciente.
6- Si Mesías intenta demostrar con su obra que el arte es capaz de convencernos mediante el empleo de simulacros, mediante “verdades” ficticias, mediante apócrifos que resultan sin embargo creíbles, entonces, en sentido inverso, la Historia como narración (con sus censuras, omisiones, idealismos, etc.) puede ser vista con sospecha, como una gigantesca invención, como una serie de ficciones. Esto me parece un gesto no solo provocativo, sino absolutamente subversivo. De un sueño del coronel Manuel Piedra Martel sobre la muerte Antonio Maceo, el artista imagina y pinta 4 sueños apócrifos. No obstante, no dice nada a nadie, no aprovecha el crédito personal por haber creado esos sueños. Uno debe descubrir por sí mismo que el texto de Manuel Piedra no incluye esos sueños.
7- Es ridículo que consideremos solamente a la disciplina histórica (la historiografía) como la fuente primordial o incluso única para analizar y comprender la Historia (los hechos históricos, los personajes históricos), y no incluyamos al arte y la literatura como una de esas fuentes, de esas herramientas. El arte de Mesías ofrece visiones nuevas, problemáticas, no solo sobre la historia de Cuba, sino sobre el papel de la historiografía.
8- En el arte cubano contemporáneo solo puedo comparar la obra de Jose Manuel Mesías (su etapa actual, e indiscutiblemente ya madura) con la obra inicial de José Bedia. Mesías utiliza objetos creados por él mismo como si se tratara de evidencias históricas reales, y las presenta mediante el uso de medios museográficos (vitrinas, textos explicativos). Como José Bedia, él también es capaz de disertar con erudición sobre los objetos de estudio que emplea para hacer su obra, en este caso sobre el ejército mambí y las guerras de independencia.
9- En una ocasión Mesías compró un CD con grabaciones de cantos de pájaros tomeguines, judíos, totíes, sinsontes, bijiritas. Se dedicó a escucharlos y a estudiarlos para poder reconocerlos. Sin otro objetivo que ése. Años después, una de sus pinturas sobre la muerte de Antonio Maceo (“La conjura de las aves”, es decir, uno de los sueños apócrifos de Piedra Martel) presentaba una especie de torbellino de diferentes pájaros. Quizás no era necesario aquel conocimiento musical para hacer el cuadro. Pero lo que el artista sabe se refleja inevitablemente en lo que hace. Uno siente que su obra tiene muchas cosas adentro, y es por esa razón que lo que expresa adquiere peso, profundidad, densidad, importancia. Uno mira ahora esa pintura y puede escuchar, uno por uno, el canto de todos esos pájaros.