Tienda “El encanto”

En los años 50 del siglo pasado, comprar un modelo de Christian Dior, solo era posible en París… o en la tienda “El Encanto”, de La Habana.

En 1888 dos hermanos asturianos emigrados a Cuba, José y Bernardo Solís, establecen primeramente una tienda de telas, denominada en aquélla época “sederías”, en la esquina de las calles Galiano y San Rafael de la capital. El éxito que obtienen les lleva a buscar capital para su ampliación, constituyendo con un compatriota que tenían empleado como dependiente, Aquilino Entrialgo, la mercantil Solís, Entrialgo y Cía. S.A. en 1900. Nace así “El Encanto”.

Además del negocio textil comienzan a crear departamentos dedicados a las distintas importaciones, configurándose desde principios del siglo XX como una tienda por departamentos e introduciendo prácticas

comerciales novedosas en la época, como los escaparates hacia la calle, vidrieras, con diseños atractivos y a la altura de las mejores del mundo. Además instalaron las modernas y asombrosas entonces, escaleras mecánicas, que sólo se encontraban fuera de Estados Unidos en la célebre tienda por departamentos Harrods, en Gran Bretaña. El Encanto fue también pionero en ofrecer tarjeta de crédito, certificados de regalos y entregas a domicilio. La atención al cliente y el estricto código de etiqueta de los empleados fueron sello de distinción: vestían de blanco en el verano y en el invierno de negro, con faja, medias largas, guantes y el cabello recogido. A las discretamente maquilladas dependientas se les instruía, al contratarlas, en el arte del vestir y a comportarse con la clientela amablemente.

Durante las primeras décadas del siglo XX, El Encanto destaca como almacén de gran éxito y en su permanente proceso de modernización, construyen lo que sería su última sede en La Habana. En 1949  se inaugura el nuevo edificio: seis plantas y 65 departamentos. Posteriormente abrieron sucursales en Camagüey, Santiago de Cuba, Varadero, Cienfuegos, Holguín y Santa Clara.

En 1952 obtienen la exclusiva de la marca Dior en Latinoamérica, convirtiéndoles en uno de los establecimientos favoritos de las estrellas de Hollywood, ya que para adquirir una creación del afamado diseñador, solo se podía ir a Paris hasta ese momento. En 1956, el propio Christian Dior, que padecía de fobia a los aviones, no pudo resistir la tentación y se arriesgó a volar hasta Cuba para visitar aquella famosa tienda que había adquirido la exclusiva de sus modelos en la región.

Uno de los éxitos de El Encanto es que confeccionaba la ropa en sus propios talleres, con las mejores telas que se podían importar en esa época. Para selccionarlas tenían oficinas de compra en Londres, París, New York, Barcelona, Madrid y Nápoles.

 Por eso lo frecuentaban Tyrone Power y César Romero a comprar sus corbatas de seda italiana; John Wayne confiaba en las camisas a la medida de su estatura, que confeccionaban en la sastrería de la tienda; Ray Milland, uno de los actores preferidos de Alfred Hitchcock, se surtía de camisas deportivas en el departamento de caballeros; Miroslava, la actriz checa que hizo carrera en el cine mexicano, exigía en los contratos de sus películas que los vestidos fueran de “El Encanto”. Por su parte la gran María Félix prefería el famoso Salón Francés, también en el establecimiento, decorado a imitación del palacio de Versalles y dedicado a dar una atención exquisita a las damas que venían en busca de los exclusivos modelos de Manet. Este diseñador recordaba así el vestido de noche, muy escotado y entallado con un cinturón a imitación de una mariposa, que le hizo a la Doña: “Ella era muy elegante, sabía lo que quería”.

Los tres grandes empresarios del comercio en España: César Rodríguez, Pepín

Fernández y Ramón Areces fueron empleados en El Encanto. En estos modernos almacenes adquirieron su experiencia comercial, aprendieron técnicas innovadoras y una nueva forma de practicar su oficio, escalarlo y de vender, fueron en resumen su escuela.

César Rodríguez, contratado en 1900, fue contador en El Encanto, tres años después, con veintiún años, fue nombrado socio industrial y a finales de 1906 le nombraron gerente. En 1918 César se casa con María Antonia Muñiz Dávila, también de origen asturiano y buen nivel económico y clienta habitual de El Encanto. Deja su puesto en 1929, cuando se calcula que había acumulado entre sueldos y beneficios en torno a un millón y medio de pesos de la época, con lo que abrió en La Habana los también conocidos “Almacenes Ultra” y en España financió la instalación y expansión de “El Corte Inglés”, de cuya gestión se encargó su sobrino Ramón Areces.

Ramón Areces nació en la localidad asturiana de Grado en septiembre de 1905 y siendo un adolescente de 15 años marchó a La Habana donde entró de ‘chico de los recados’ en los almacenes El Encanto, en los que su tío trabajaba como encargado. Allí aprendió el negocio desde abajo, barriendo aceras, limpiando los escaparates, ordenando el género. Antes de regresar a España en 1934 viajó por Canadá y Estados Unidos para comprobar cómo funcionaban allí los grandes almacenes. Areces introdujo el sistema de venta por departamentos en El corte inglés e implantó las rebajas y otras estrategias incorporadas durante su experiencia en América. Curiosamente su gran rival por entonces fue un primo lejano suyo, Pepín Fernández, al que conoció en El Encanto de La Habana y que fundó en Madrid otro almacén de venta por departamentos llamado Galerías Preciados.

Otro asturiano relacionado con esta tradición de aprender el oficio en El encanto fue José, hijo de comerciantes acomodados de Grado (Asturias), en 1908, quien con 16 años se embarcó hacia México. Algunas biografías dicen que viajó solo con 100 pesetas en los bolsillos, pasó 2 años en México trabajando de “chico para todo” en una tienda propiedad de otro asturiano, y que más tarde decide ir a Cuba, donde vivía su hermana Eustaquia. Empezó a trabajar en los almacenes El Encanto, creados en 1888 por otros asturianos emigrados a Cuba.

El 13 de octubre de 1960, se publica la Ley 890 de “expropiación forzosa de todas la empresas industriales y comerciales”. La lucha de clases es incompatible con el Retail. El Encanto, como todos los comercios, es confiscado y cerrado, para posteriormente convertirlo en guardería infantil. Igualmente cierran los Almacenes Ultra, Sears, La Época, y el Fin de Siglo. El Encanto es inmediatamente usado como almacén de suministros y deja de vender al público. El 13 de abril de 1961 un incendio, provocado por varias bombas incendiarias, derriba el edificio. Muere Fe del Valle, quien resultó la única fallecida en el siniestro y recibieron lesiones, además, 18 personas. Las pérdidas materiales se valoraron en 20 millones de dólares, pues el carácter hermético en la estructura del edificio para el aire acondicionado, facilitó que el fuego completase la destrucción del inmueble. Bomberos, milicianos, empleados de la tienda, gente de pueblo, lucharon para que las llamas no se extendieran a locales aledaños y al amanecer se logró aplacar el fuego. Pero nada quedaba ya de El Encanto, además de las dos banderas manchadas de hollín a los lados del cartel de la entrada, una de las cuales se conservó durante décadas en el archivo de la Academia de Artes San Alejandro, de donde ha desaparecido sin dejar más que el recuerdo.

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