Desde sus inicios en 1916, Social tuvo una sección dedicada al Arte de la Arquitectura, que describió las nuevas construcciones de principios de siglo. Desde la desaparición de la revista en 1937 mucho se hizo en la arquitectura cubana del siglo XX, que ha recibido menos atención, pese a que aquí el modernismo llegó antes y a mayor escala que en los países vecinos. Queremos emprender un viaje artístico e intelectual retrospectivo de décadas, las mismas que tomó desarrollar una arquitectura a la vez cubana e internacional, una síntesis compleja y sensible de modernidad, tradición e identidad nacional.
Empezamos con la Casa de José Noval Cueto, obra de Mario Romañach, construida entre 1948 y 1949 en Cubanacán, Cuba. Se distribuye en dos bloques: uno contiene una sala de doble altura y el otro, separado del primero por un patio, contiene el resto del enclave. Ambos bloques están conectados por galerías de circulación a diferentes niveles, dramáticamente suspendidas sobre el jardín. La fachada frontal, bastante hermética, transmite una sensación de monumentalidad, mientras que la fachada del jardín es abierta y transparente.
La composición incorpora algunos de los más avanzados postulados de la arquitectura del Movimiento Moderno en el momento de su construcción, con soluciones adecuadas bien adaptadas al contexto local, físico y cultural, destacando entre estas características la sabia adaptación al clima cálido y húmedo, la buena orientación en la amplia parcela, y el uso de amplios aleros para la protección contra el sol y la lluvia. Para garantizar la ventilación natural, la casa está construida sobre pilotes y las terrazas adyacentes, jardines, una cuenca de agua y una piscina imparten una sensación de frescura a la atmósfera de ambiente tropical. Hacia el frente la fachada se muestra más protegida y todo lo contrario en la posterior que se abre en grandes ventanales de vidrio. Este es quizá uno de los ejemplos cumbres de la arquitectura cubana que ya tiene más de 70 años.