Lo cubano en la poesía

Aunque nuestro país es muy joven, y de “independencia” política reciente, podemos discernir un “modo de ser” cubano. Ese “modo de ser” se ha ido expresando cada vez con más profundidad y alcance en nuestra poesía. Descubrimos así un desarrollo de afuera a adentro, de lo exterior a lo interior, y la presencia de varios estratos. La poesía va iluminando al país. Lo cubano se revela, por ella, en grados cada vez más distintos y luminosos. Primero fue la peculiaridad de la naturaleza de la isla. No olvidemos que el fondo natural es decisivo para entender las configuraciones del carácter, el sentimiento y el espíritu. Muy pronto, junto a la naturaleza aparece el carácter: el sabor de lo vernáculo, las costumbres, el tipicismo con todos sus peligros. Más adentro comienza a brotar el sentimiento, se empiezan a oír las voces del alma. Finalmente, en algunos momentos excepcionales, se llega a vislumbrar el reino del espíritu: del espíritu como sacrificio y como creación.

Naturaleza, carácter, alma, espíritu. Aunque estas instancias suelen aparecer entremezcladas, e influidas además decisivamente por el fundamental problema de la asimilación y transformación de lo europeo, el proceso nos parece clarísimo. A determinarlo en sus momentos capitales vamos a dedicar estas lecciones, o más bien pláticas, que no serán las de un profesor de literatura, ni mucho menos un especialista, sino los comentarios libres y gustosos de un amante de la poesía.

Vamos juntos, sin aparato de erudición ni crítica, a suscitar la voz humilde, conmovedora o impresionante, de nuestros poetas, y a pedirles las claridades o sospechas que puedan darnos sobre nuestro ser. Quizás al final de nuestro recorrido, y en algunas estaciones intermedias, podamos formular cuadros de caracteres observados. Será preciso afinar la mirada y el oído, porque con frecuencia lo que buscamos tendrá la calidad evasiva de un imponderable. Pero desde ahora anuncio que yo no aspiro a sacar conclusiones absolutas ni a decir lo cubano es esto o aquello, sino a que seamos capaces de sentirlo o presentirlo, cobrando consciencia de su magia, de su azar y su deseo. Tal vez, de su destino.

Descubrimiento:

En medio de la Mar Océana, Cristóbal Colón añora los ruiseñores. Una inmensa nostalgia se extiende por la virginidad del espacio marino. El tiempo parece angustiosamente inmóvil; los barcos no avanzan. En las noches hay signos indescifrables: “Vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos cuatro o cinco leguas”. Pero detrás del horizonte, más allá de lo visible, en la lejanía del deseo, el versículo del Isaías resuena siempre como un llamado misterioso: “Sí, ciertamente a mí esperarán las islas…” (60,9) En su bellísimo ensayo “Tarsis, colón, Isaías”, Julián Orbón ha hecho una deslumbrante exégesis de este pasaje profético. Y ya el 9 de octubre la premonición se agudiza, la inminencia los tiene desvelados: “Toda la noche oyeron pasar pájaros” Tres días después, aparece la primera isla.

La realidad y el sueño, la lejanía y lo inmediato, celebran sus primeras nupcias para nosotros cuando brillan nuestras costas en los ojos del Almirante. Cuba se vuelve entonces, por primera vez, geografía, naturaleza, futuro; entra en la mirada europea, en la esperanza occidental, en la catolicidad del mundo, suena en la lengua española. Y la primera imagen que tenemos de ella es la que nos da colón en su Diario, según ha llegado hasta nosotros a través de los extractos del Padre Las casas. Por la suavidad del clima, la dulzura de las playas, la opulencia de los bosques, el canto de las aves, Cuba aparece ante los ojos del Descubridor como paraíso natural; sus habitantes, como criaturas mansas, suaves, risueñas, sin ningún fanatismo religioso.

Del testimonio prístino del Almirante debemos retener los siguientes datos:

1.    La visión paradisíaca y arcádica de la naturaleza antillana, que será tema persistente en nuestra poesía. Aparecen ya elementos decisivos: la profusión y frescura del bosque insular, la palma, los pájaros, el rumor nocturno (que hallará en una página del Diario de Martí su expresión más plena), los aires dulces y balsámicos (utilizando inclusive la misma palabra que empleará Zequeira para referirse a la planta del tabaco: arboledas “odoríferas”, dice Colón, y Zequeira “la odorífera planta…”).

2.    La dispersión y falta de “concierto” y “recaudo” de los caseríos indígenas, en tan abierto contraste con los pueblos españoles o mexicanos.

3.    El carácter suave de los nativos, con tendencia a la burla, y la religiosidad vaga, dúctil, que no atribuye mayor importancia a los problemas dogmáticos.

Estos dos últimos rasgos, típicos de nuestro indígena según el testimonio de Colón y Las Casas, vuelven a aparecer, por no sé qué misterioso vínculo aéreo, en cuanto el carácter del criollo empieza a definirse. El mismo desenfado con que Silvestre de Balboa, en su poema “Espejo de paciencia”, mezcla la figura católica del Obispo, las divinidades paganas y la flora y fauna indígenas, rematado todo con un Motete en la iglesia de Bayamo, insinúa ya esa liberalidad, esa ausencia de formalismo religioso, que, con todas sus consecuencias positivas y negativas, ha de ser una de las constantes de la actitud específicamente cubana ante las cosas.

Dije vínculo aéreo recordando la frase de Martí: “El aire está lleno de almas”. Realmente asombra la persistencia o más bien reproducción de esos rasgos (suave burla, carencia de fanatismo y de religiosidad profunda) en la índole del cubano, si se piensa que los indígenas tuvieron tan poco peso en la composición étnica de nuestro pueblo. Veremos cómo el movimiento poético llamado “siboneísmo” posteriormente intentará resucitar la inocencia de sus costumbres.

En nuestros días, la más bella evocación es la de Pablo Neruda en su “Canto general”. Por cierto, que la imagen de la niebla significativamente reaparece, pero lo más tierno y desgarrador de esta elegía de Neruda son los dos versos finales de la última estrofa:

AHORA ES CUBA

Y luego fue la sangre y la ceniza.

Después quedaron las palmeras solas.

Cuba, mi amor, te amarraron al potro,

te cortaron la cara,

te apartaron las piernas de oro pálido,

Te rompieron el sexo de granada,

te atravesaron con cuchillos,

te dividieron, te quemaron.

Por los valles de la dulzura

bajaron los exterminadores,

y en los altos mogotes la cimera

de tus hijos se perdió en la niebla,

pero allí fueron alcanzados

uno a uno hasta morir,

despedazados en el tormento

sin su tierra tibia de flores

que huía bajo sus plantas.

Cuba, mi amor, qué escalofrío

te sacudió de espuma a espuma,

hasta que te hiciste pureza,

soledad, silencio, espesura,

y los huesitos de tus hijos

se disputaron los cangrejos.

De nuestros indios queda: la casa de palma, vivienda o caserío que se funden en la naturaleza; colecciones de idolillos, caritas y utensilios; algunas conmovedoras pictografías. Huesitos en la playa. Pero también los nombres de regiones enteras de Cuba -misterioso triunfo.

Últimos Artículos

Ñáñigos blancos

En Cuba, tiempos ha, los mayores atemorizaban a los niños, y acaso también se atemorizaban ellos, con el Coco.  Si estaban fuera de la casa a las nueve de la noche, la hora del cañonazo, el Coco podía llevárselos en su saco. Era un ser horrendo, con infinidad de formas y rostros…

Isadora Duncan

A mediados de 1916 Isadora Duncan llegó a La Habana. No la aguardaban autoridades locales ni periodistas en el puerto. Venía en una visita privada, acompañada por alguien que ella definía como “un joven poeta escocés”, secretario de Paris Singer, antiguo amante y padre de uno de sus hijos al que ella había vuelto a acercarse recientemente.

Cartel cubano actual

Sí se ha dado en las últimas décadas un movimiento que se realiza tanto dentro como fuera de Cuba. Sus autores muchas veces son egresados del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) y muchos de ellos se sienten herederos de la gráfica que salía de los talleres del ICAIC…

Los justo

La sombra alargada de Ignacio Agramonte, que se proyecta desde aquel 8 de junio de 1865 cuando defendió la alianza sagrada entre orden y libertad, no es estatua pétrea. Es eco inquieto que golpea los muros del presente cubano. El Derecho es «ars boni et aequi» a decir de Celso: el arte de lo justo y lo equitativo; donde la…