Mapas antiguos

La Isla de Cuba fue un territorio en conflicto durante el siglo XIX. El valor estratégico de su posición geográfica había aumentado extraordinariamente al convertirse en una de las colonias más ricas del mundo, productora de azúcar, tabaco y café, pero en manos de una metrópoli debilitada por la pérdida de la mayor parte de su poderoso imperio americano.

Situada en medio de las repúblicas liberadas de los continentes del sur y del norte, se encontraba conmovida por tendencias tanto independentistas como anexionistas. Cuba, como las demás Antillas españolas, era una colonia situada en una región de frontera, dominando las corrientes de navegación, la Llave de las Indias Occidentales, pero dada su extensión y fértiles terrenos, llegó a representar también una fuente de ingresos tributarios considerables para la corona. La necesidad de contar con una información confiable y actualizada sobre las condiciones naturales y sociales del territorio, impulsó el empleo de instrumentos especializados para obtenerla y representarla, mediante un desarrollo notable de las disciplinas de la estadística y la cartografía, sobre la cuales descansaba el conocimiento geográfico como base para la defensa y el fomento económico del país. La producción de mapas, que había cobrado auge en las últimas décadas del siglo XVIII, se mantuvo creciendo durante el siglo siguiente.

La tarea de dotar a la Isla de un mapa general que recogiera los progresos alcanzados de modo más confiable se había planteado desde 1796 en la Real Sociedad Económica, pero dos décadas más tarde se hacía aún más perentoria. Tanto el Depósito Hidrográfico de Madrid como Alejandro Humboldt la habían emprendido desde Europa intercambiando datos entre sí. El geógrafo alemán había pasado dos breves temporadas en Cuba, a la ida y regreso de su viaje a América en 1800 y 1804, lo que le permitió hacer algunas observaciones astronómicas, pero ignoraba la mayor parte de las fuentes cartográficas locales y esto le hizo pensar que el interior del país era una tierra desconocida (Humboldt, 1998: 262). Consciente de las limitaciones de su mapa de la Isla, rectificado en la edición de su ensayo sobre Cuba de 1826, sólo le atribuyó el valor de haber presentado por vez primera con sus contornos reales los recientes aportes de los pilotos españoles, por lo tanto, difería mucho de otros editados en España por esos años (Figura 1). La confección de un mapa general perfeccionado debía lograrse in situ y el gobierno colonial había tomado conciencia de esto e iniciado con urgencia su gestión.

También la realización de la carta satisfacía los propósitos de la Real Intendencia de Hacienda. Entre 1814 y 1820 la monarquía española había suprimido en Cuba los privilegios del antiguo régimen y autorizado el comercio libre con todas las naciones así como el uso irrestricto de la propiedad de las tierras. Estas medidas liberales trataban de conservar el dominio sobre una Isla declarada siempre fiel (Cuadro, 1829). La supresión de la trata libre de esclavos que había impuesto Inglaterra a España, unida al hecho de que la población negra y mestiza superaba ya por un estrecho margen a los blancos, obligaba a pensar en las ventajas de una emigración de colonos blancos, y desde 1817 se promulgaron medidas para facilitarla. En este contexto la localización de las tierras baldías o realengas, la figura exacta de los puertos y de las rutas de navegación que les rodeaban, así como la distribución de la población y su composición racial, eran datos necesarios para orientar el programa de los movimientos de colonización que sólo un mapa global podía ayudar a dirigir y estimular.

Con la ayuda de un asistente, tres o cuatro soldados, un esclavo y el correspondiente capitán del partido, agobiados por el calor y los mosquitos, y con los instrumentos indispensables, se enfrentó Alejandro de Humboldt a la naturaleza subtropical para abrir trillos, medir caminos, determinar el origen y recorrido de los ríos, reconocer costas y cordilleras. Al mismo tiempo aplicaba los formularios del censo y recogía los nombres de los lugares, con un trato cordial para no despertar las sospechas de los habitantes que le brindaban hospitalidad en tierras solitarias donde moraban cimarrones y bandidos (Ríos, 1970). Así pudo el científico comprobar el saber y la habilidad natural de los campesinos para la percepción de las distancias calculadas por la densidad del humo de las chimeneas en la noche, por el canto de los gallos ingleses que criaban para pelear o por los ladridos de los perros recogidos en las casas. La propia andadura de su caballo le permitió fijar el tiempo empleado en recorrer una legua del país con cortas diferencias según las variaciones del terreno y la estación de lluvia o de seca (Jasme-Valcourt, 1837: 54).

La impresión de la carta no podía hacerse en Cuba por no haber talleres de grabado adecuados y el Gobernador Vives, que consideraba políticamente inconveniente y poco decoroso hacerlo fuera del territorio nacional, confió al ingeniero la última tarea de intentarlo en la Secretaría de Guerra en España. Pero en la metrópoli no parecían existir condiciones propicias para lograrlo. El pintor de cámara de Su Majestad, Antonio López, recomendó el taller del profesor Domingo Estruch y Jordán en Barcelona, con el cual se cerró el contrato en 1832 para hacerlo en seis planchas de cobre. El tamaño del mapa y la poca experiencia en este género de obras le crearon no pocas dificultades a Estruch y el trabajo se dilató por tres años y siete meses, a un costo de poco más de 20, 000 pesos que fue sufragado con fondos enviados desde Cuba.

La divulgación del mapa no estaba del todo prevista cuando se comenzó a grabar; se habían solicitado donativos voluntarios en Cuba y se abrió una lista de suscripciones en la Isla y en España, pero la corona parecía inclinada a mantener la información en el mayor secreto posible. Las dudas sobre la circulación de la Carta desaparecieron al producirse el ascenso al poder de la regente María Cristina y una apertura liberal que eliminó “… las trabas que encadenaban la ilustración, el ingenio y sus productos”.

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