Estas piezas, que ahora son objeto de coleccionistas, como la luminaria modular de aluminio “Esferas” de María Teresa Muñiz Riva, fueron uno de muchos diseños para el programa cubano de muebles destinados a guarderías en las décadas de 1960-70. Esta diseñadora también creó un sistema de paneles en plywood que conformaba un verdadero «Puzzle» con el que era posible ensamblar una variedad de sillas, escritorios, mecedoras y cunas. Para ello se aprovechaba el sistema de juntas por encastre, visible también en la pieza de Heriberto Duverger: silla Yab-yum, de 1971. Esta constituyó una innovación en la geometría de los encastres, que a partir de una abertura circular permitiría una cierta movilidad en el ángulo de inclinación de asiento y respaldo, resultó un aporte que por la forma en que se relacionaban los paneles recibió el nombre Tántrico de «Yab-yum».
Para la industria cubana del mueble a fines de los sesenta los conceptos del mueble diseñado para ser ensamblado por el usuario, y empaquetado en cajas planas para la optimización del almacenaje y el transporte, eran del todo desconocidos. Los que dirigían la industria fueron los empleados subalternos de las antiguas fábricas productoras de muebles «de estilo» que nunca entendieron la sobriedad y economía de medios que exigía el diseño moderno para su reproducción masiva.
Una gran ayuda fue la presencia dentro del equipo cubano, de la Arquitecto Eva Björklund que aportaba la experiencia del diseño sueco, en especial de la innovadora IKEA, que recién en 1965 había abierto su inmensa tienda circular de Kungens Kurva en Estocolmo, supuestamente inspirada en el Museo Guggenheim de New York.
Una tecnología especialmente apropiada para el auto-ensamblaje por parte del comprador y el envase en cajas planas -a la entonces novedosa manera de IKEA- era la de las láminas de contrachapado ensambladas mediante juntas de encastrado que hacían posible la construcción del mueble sin el uso de pegamentos, tornillos u otros accesorios. Era un material que se recibía en grandes cantidades como parte de la subvención soviética a Cuba, aparte de que existía una pequeña capacidad industrial instalada en el país desde antes de la Revolución. La inseguridad en otros suministros hacía que la posibilidad de ensamblarlos sin necesidad de otros componentes resultara un aspecto decisivo a favor de esta técnica. De 1968 es el diseño del conjunto que Eva cariñosamente llamaba «Det Lilla Monstret» es decir El Pequeño Monstruo. Estaba pensado de manera que de una plancha de 1200 por 1800 milímetros podía obtenerse una silla y una mesa de centro, con un desperdicio mínimo de material.
Este mobiliario fue el resultado visible de un estudio pluridisciplinar, llevado a cabo por el Ministerio de la Industria Ligera entre los años 1969 hasta 1972. Economistas, ingenieros, técnicos de la madera, tecnólogos, carpinteros y arquitectos, actuando desde el Grupo de Desarrollo del Mueble. Así, en 1969 salió hacia Europa una nutrida misión de técnicos, con Reinaldo Togores al frente quien era el Jefe de ese Departamento, con el objetivo de investigar la producción de muebles en países europeos líderes en diseño industrial, que culminaría en Suecia. Dado que parecía inminente la aparición de un plan de viviendas a gran escala en Cuba, entrando en los 70s, que requería una simétrica producción de muebles.
A su regreso trajeron el estado y la estética propia de la industrialización del mueble de madera artificial, la nueva herrería requerida, la cocina mueble, los componentes plásticos, las maquinarias, las normas y módulos, los paneles y densidades, los precios y volúmenes de materiales a importar o producir, los acabados, las resinas epóxicas, etc. De IKEA, que todavía estaba contenida en Suecia pero comenzaba la globalización del ambiente moderno en la vivienda popular, así que trajeron catálogos y noticias de primera mano con Eva Björklund. Esta llegaba con la propuesta de un diseño funcional de la vivienda, además de la influencia conceptual de sus muebles marcados con su propaganda “para toda una vida.”
La información y los contactos que esta suerte de embajadores trajeron, estaba en relación directa al gran volumen de catálogos, muestrarios, revistas, boletines, piezas de plástico que consultan los jóvenes diseñadores de esa generación. Sus oficinas en consecuencia se convirtieron en un centro de documentación (una suerte de Wikipedia antigua) sobre su propio objetivo: el desarrollo del mueble.
Estas piezas que diseñaron en 1971 se correspondían con el pensamiento tecnológico y estético entonces más avanzado, mostrando las posibilidades de las tecnologías instaladas en el país, desde el plywood soviético, el cedrín chileno, el tubo de aluminio y el cordón de PVC coreano, hasta el semiesférico molde de madera comúnmente utilizado para repulsar aluminio en la fábrica Lámparas Cubanas.
Diseñaron un sistema mobiliario flexible, influenciado por el pensamiento de la entonces incipiente industria sueca, que rechazaba a los juegos tradicionales de muebles de madera maciza, promoviendo el espacio del habitar doméstico, como receptor de un surtido mínimo, ligero, polivalente y flexible. Esto creadores con sus piezas, que ahora son objeto de colección, por su limitada tirada, actuaron como muestrario de distintas soluciones tecnológicas y económicas en el desarrollo del diseño industrial de la época adaptado a Cuba. Y, aunque no lograron la producción anhelada a gran escala, dejaron una marca significativa que aún perdura en esa rama del diseño local.
Aquella exposición instalada en 1972 en los salones expositivos del mismo Taller del Rio Almendares, se estructuró bajo un concepto que devino ser su principal consigna: “El hueco construido no es la solución de la vivienda. La vivienda es un contenedor de las cosas útiles e inútiles; cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa».
Los planos originales se quedaron en el archivo (una tosca cajonera vertical) del taller del Rio Almendares. Sus grandes cajones guardaban los planos de muebles nuestros y ajenos; junto a los diseños de lámparas, gráficas, espejos, banquetas, cojines, etc., que produjimos en cascada durante esos casi dos años. Tiempo de refugiados en un costado del salón de dibujo donde se diseñaban muebles para la producción nacional, dada nuestra condición de transitoriedad.
Se justificaba así la exposición de lo que iban a producir e instalar: una propuesta para el amoblamiento de las viviendas que se iban a construir en rachas de 100.000 por año. Ellos habían logrado autorización para exponer la síntesis al natural de la investigación, realizada para afrontar el desafío de tan inmenso plan. Diseñaban muebles y armarios fuera del juego tradicional, aferrados al pragmático diseño de sus propias mesas de dibujo, surfeando en todas direcciones sobre el encrespado apoyo de Celia Sánchez Manduley.
Gracias a esta invulnerabilidad, insertaron su entusiasmo creativo en «el taller del todo es posible», con aquellos operarios llegados de todos los rincones, que sabían el secreto de las maderas macizas, en láminas, preciosas y de palmeras, de la piel con pelos y pelada, de las lacas y barnices, de las costuras en lona y lino. Sus nuevos diseños se perfilaron mucho al contacto con aquellos hombres y su experiencia de décadas, que ejecutaban moldes como esculturas y caprichos como Aladinos. Sus nombres eran Jorge, Angelito, Cajigal, Gardenia, Abreu, Ernesto, Máximo, Limonta y otros, que han quedado impresos en cada una de las realizaciones de aquel tiempo vivido a tope, en el umbral de los años setentas. Las piezas fueron expuestas allí mismo, para enrolar a los líderes visitantes (máximos y mínimos) en la posible mejor vida de su pueblo, al alcance de ellos mismos, sus dirigentes. Muestra que de soslayo potenciaba el orgullo del artesanado perfeccionista, afincado en la trastienda de aquel salón multiuso, uno de los cuales era cambiar el Poder omnímodo en Mecenazgo ad libitum…
Pero después de producida la
exposición, el interés se congeló en sus salones, porque esas ideas resultaron muy lejanas: les quedaba todavía a estos héroes, para avistar el futuro, mucho presente por devorar. La falta de decisión de los máximos jefes, también afectó los estudios que habían concertado los jóvenes con Alberto Zevi, responsable de la firma ELMAG en Milán, especializada en proyectos para la industria del mueble. Esta proponía la industrialización del bagazo de caña, para la producción de una panelería de muebles industrializada, con uso posible para la construcción.
Después de varios intentos el diseño Yab-Yum fue Padre-Madre, que es decir también Ying-Yang. El machihembrado sugirió ese encuentro entre asiento femenino y respaldo masculino que se encastran en el vacío de dos marcos laterales, para alcanzar la definición de su uso. Ananga Ranga, Kama Sutra, Cien Años de Soledad y otros libros, rellenaron los floreados años del «make love not war», con muchas vías hacia al descubrimiento del Yab-Yum: «El hombre sentado con sus piernas cruzadas, en posición de loto y la mujer encima de él, envuelve con sus piernas, su torso y espalda baja”. Inmóvil la posición contiene la fuerza original de esta silla que se filtra hasta su interpretación. «Ravi Shankar, All you need is love, What the world needs now», el Prohibido Prohibir de mayo 68, en medio de la-Cuba-de-lo-prohibido, de corta y pega, de diversionismo y depuración, de afinidades y oposiciones, del espíritu de su tiempo, amasaron los contenidos en la Yab-Yum.
Hace unos años, Reinaldo Togores hizo dos piezas de estas con un carpintero estrella en Sevilla y se he quedado con una en casa. Comenta que: “No sabes cuánto le costaba a ese hombre aceptar
la idea de un mueble sin tornillos, hasta que lo logró. Su taller tenía cámara de pintura y hasta las pinté como al primer prototipo que durante años tuve en mi casa habanera, junto a otros pioneros de mi producción. Aquella pieza se perdió sabe Dios donde, junto a todo lo demás cuando mi refugio en Villegas con mi historia completa, fue presa de la violencia que echó al familiar que la ocupaba, poco tiempo después de salir mi hija y su marido para España.” Esta sencilla complejidad (según dijo Olivera quien la construyó en Sevilla) se hizo antes en Cuba con plywood soviético de 18 mm, esto era empleando los materiales disponibles en el país… “nunca pensamos que se podría extinguir el suministro ruso.” Su diseño estaba previsto para ser producida en paneles de madera artificial (bagazo). Las sillas de metal y lona “las corbusillas” que fueron diseñadas contando con las dimensiones de los tanques de inmersión para niquelar los tubos de hierro, y sus curvas derivan de los radios de giro posibles a realizar en las unidades de nuestra Empresa de Muebles y Envases. Pero, fue infructuoso todo, porque nadie se comprometía con el proyecto, así que se marchó sin despedida la última vez. En su recuerdo quedó el slogan con que -a su decir- se podría vender la poltrona Yab-Yum si le permitían su producción en la Italia de aquellos tiempos: “Dalla Cuba rossa e arrivato la poltrona che fa l’amore costantemente”. Este slogan en español (De la Cuba comunista nos ha llegado la butaca que hace el amor constantemente) es la mejor definición de la butaca, cuyo nombre alude a una de las posiciones del amor tántrico.