El vestuario escénico a lo largo de los tiempos ha ido evolucionado y se ha visto influenciado de forma directa con respecto a la época histórica en la que se sitúa. Se puede ubicar en el transcurso del tiempo dos grandes grupos que comparten características decorativas y relatan por sí solas una tendencia común dentro del diseño teatral:
El diseño en función dramática caracterizado por explotar al máximo los convencionalismos teatrales a partir de la simplificación máxima de los elementos de la escena, dejando de lado el aspecto pictórico-descriptivo del decorado. Y, la escenografía ilusionista sería el segundo grupo, basado en un espacio escénico reducido, donde el movimiento y acciones de los actores se reduce a un pequeño recinto custodiado por bastidores y telones.
A partir de 1990’s la consolidación del postmodernismo como pensamiento se reflejará en todas las capas del arte, marcando el fin de la línea que separaba las diferentes disciplinas y creaciones artísticas. Ello pone fin a lo que fue un siglo de búsqueda del concepto de “teatro oficial” concluyendo con una cultura ecléctica, y, en cuanto al vestuario escénico aparecen multitud de materiales innovadores como: plásticos, sintéticos, látex.
Uno de los diseñadores de vestuario teatral y de cine cubanos más consistentes, de larga trayectoria y amplia creación, es Vladimir Cuenca.
Sus inicios estuvieron en la industria textil como diseñador en la Unión de Confecciones, período durante el cual recibió numerosos premios por sus colecciones. El grueso de su obra, sin embargo, ha estado dedicado a las artes escénicas, a las que ha entregado más de tres décadas de exquisito trabajo que hizo evolucionar estéticamente el sector. Tras más 30 años trabajando para la compañía de Teatro «El Público » y 20 para «Argos Teatro», así como para producciones de cine cubano y de danza Contemporánea, la lista de títulos que deben su visualidad a Vladimir Cuenca es extensa. Valga mencionar films como “Conducta”, “Habana Blues” y “Roble de olor”; obras de teatro como “Yarini”, “La señorita Julia”, “La gaviota”, “Hierro” y “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant”; así como puestas en escena de la Compañía de Danza Contemporánea de Cuba.
El trabajo de diseño de vestuario comienza con la recepción del guion. Uno de los primeros pasos para un diseñador de vestuario, también llamado figurinista, es reunirse con los miembros de la producción: guionistas, director y maquilladores para adentrarse en la esencia de cada personaje y lo que tiene que transmitir.
Una vez conocido al milímetro el proyecto llega una de las etapas más interesantes: la investigación y búsqueda de referencias. Esta fase es muy enriquecedora pues les permite buscar ideas en todo tipo de soportes: desde museos y archivos privados para obras históricas a videoclips y moda urbana para referencias más actuales. El objetivo es explorar las mejores opciones para cada personaje y construir a medida vestuarios, complementos únicos.
Con el moodboard y los bocetos, el departamento de diseño de vestuario vuelve a reunirse con los directores para que los aprueben y asignen un presupuesto. En ocasiones se utilizan piezas de colecciones ya creadas y cedidas por los archivos, en otras se alquilan disfraces, accesorios y todo tipo de detalles y en muchas otras se diseñan y confeccionan específicamente para la ocasión por parte de o sastres.
En el contexto específico cubano, esta labor se hace particularmente desafiante por la limitación de materiales, y es gracias artistas como Vladimir Cuenca que llegada la puesta en escena las soluciones son dignas, excepcionales y perfectas para su objetivo. Vladimir Cuenca, diseñador de vestuario para artes escénicas y cine cubano, presenta una pluralidad de lenguajes estéticos en su obra, que se adapta perfectamente a cada personaje y contexto específico del guión. Enfocando sus diseños a los diversos géneros en que se le han encargado, este creador cubano es un pilar fundamental en la narrativa dramática de la isla, su trabajo de décadas refleja tanto su riqueza cultural como su capacidad de resiliencia.