El tiempo en su devenir, y el desarrollo tecnológico de los últimos cien años, han dejado en el olvido técnicas de construcción y oficios que en su apogeo dieron lugar a verdaderas obras de arte que aún hoy disfrutamos. Pero, por fortuna, quedan aún entre nosotros herederos de aquellas tradiciones cuyo amor por la belleza, tesón para el estudio y valor para enfrentar desafíos nos devuelven la esperanza en que no todo está perdido.
Este es el caso del artista del vidrio Eduardo Viciana, quien desde su propio taller, considerado por expertos en el oficio del vidrio un aporte de innovación tecnológica, ha sido capaz de dar solución al problema que implicó vincular varios oficios artesanales y tecnológicos para el trabajo con el vidrio caliente, proceso existente en Cuba solo a escala industrial para producciones seriadas. Para tal propósito debió construir con sus propias manos hornos de fusión y de recocido, herramientas de modelar el vidrio y cámara de arenado.
La carrera de Viciana como artista y restaurador comenzó en 1997 con un fuerte componente técnico influenciado por la formación de su padre como ingeniero civil. También lo formaron años de labor junto al maestro artesano Narciso Balbuena de quien aprendió el oficio de cerámica y vitrales, así como la fabricación de hornos, especialización que le aplicaría más tarde a la creación del taller de vidrio caliente.
Este apasionado de la manifestación del vidrio destaca inicialmente por su restauración de vitrales con escenas religiosas en la Necrópolis de Colón, particularly el Panteón del Presidente Alfredo Zayas en la Capilla Central; en vitrales de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en La Habana; en la antigua casa del Presidente José Miguel Gómez, actualmente sede de la Alianza Francesa en La Habana sito en el Paseo del Prado, y en el antiguo Colegio de Belén, en uno de cuyos accesos realizó una escultura lineal de 11m de largo con el Rostro de José Martí modelado en arcilla y luego fundido en bronce.
A partir del año 2000 ejecutó varios proyectos de restauración de cerámica y vitrales generalmente vinculados a obras de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, incluida la intervención en edificios de gran importancia, entre ellos la reconstrucción de la cubierta de la cúpula del Hostal Raquel, –que le valió el Premio Nacional de Restauración—que implicó la producción de cientos de elementos de cerámica esmaltados y lustrados en oro. Posteriormente se le encargaría la reproducción de centenares de pantallas de vidrio para la Catedral de Matanzas y piezas de vidrio soplado para diferentes espacios del Capitolio Nacional.
Cuando se acercaba el 500 aniversario de La Habana, mientras trabajaba en el montaje de un sistema de inyección hidráulica para la fabricación de cornisas y cenefas de cerámica, Viciana recibió la propuesta del ministerio de Cultura de producir los vidrios de las luminarias del Gran Teatro de La Habana. Esta obra, por su delicada, multifacética, y extremadamente compleja ejecución marcaría un antes y un después en su vida, pues requirió del artista meses de investigación, estudio y ensayos antes de colocar el primer ladrillo del horno de fusión, corazón del sistema tecnológico necesario para la ejecución del proyecto.
La restauración exigió la reproducción de numerosas piezas de 16 tipos diferentes, con varias técnicas y 12 tipos de luminarias de las más diversas formas, en un inmueble considerado una joya arquitectónica y patrimonio cultural de la nación. De algunas piezas sólo debía reproducir menos de una docena, pero de otras requería más de 300 unidades, por lo que al cabo debió realizar la suma impresionante de 536 piezas. Para ello fue preciso generar modelos en yeso de las muestras existentes y, donde estas no existían, partir de referencias históricas para generar los moldes metálicos mediante diversas tecnologías.
El artista del vidrio Eduardo Viciana aprendió “a sacar vidrio del horno” con el maestro soplador Santiago Cruz Fabal, quien colaboró en la restauración del Gran Teatro y le enseñó de manera práctica la técnica del soplado, según los viejos métodos de las famosas fábricas de vidrio checas. A estos conocimientos sumó entonces sus propios estudios de los referentes internacionales, históricos y contemporáneos del trabajo con la técnica del soplado y vidrio caliente en el campo del arte y el diseño, adaptando cada proyecto de realización a las condiciones de nuestro contexto económico, cultural y social. Luego de este ambicioso proyecto que permite al visitante disfrutar la belleza de un inmueble que conserva su estilo majestuoso y luminosidad originales, el taller de Viciana evolucionó hasta convertirse en un Estudio Artístico donde se cultivan y enseñan oficios casi olvidados e indispensables en el campo de la restauración, el diseño y las artes plásticas.
La maduración en el dominio de la técnica trascendió el campo de la restauración, llegando a realizar piezas, luminarias e instalaciones espaciales mezclando diseño, arte y oficio. Desde entonces ha participado en exposiciones colectivas y personales con obras donde la expresión tecnológica dialoga con diferentes temáticas y técnicas sobre lienzo, esculturas de cerámica y metal. Como la Exposición colectiva Reflexiones dentro de La Embajada de España en 2022, dedicada al Año Internacional del Vidrio, donde expuso una instalación tridimensional de vidrio soplado y acero, que tituló Cascada, y se exhibe de forma permanente en la edificación.
Eduardo comenta que toda su formación ha tributado al arte de hacer vidrio soplado y en caliente. En tal sentido, lograr la sustentabilidad del proyecto del Estudio Caliente de Vidrio es un proceso en evolución, que en su creación emplea como materia prima fundamental el vidrio reciclado. Obtenerla mediante el encadenamiento con el desecho del trabajo de otros creadores, es una manera de garantizar el reciclado y constante flujo de materia prima que más tarde renacen en obras artísticas y artesanales, devolviéndole al vidrio su valor.
La constante evolución del proyecto del Estudio tiene su motor impulsor en los sueños de Viciana de realizar su propia exposición personal de vidrio, para lo que se está fabricando un horno donde recocer esculturas de gran formato, así como llevar el proceso de realización artística a diferentes lugares del país mediante la fabricación de un horno móvil, con el objetivo de acercar esta técnica milenaria a jóvenes que amplifiquen el limitado gremio.
Actualmente el artista trabaja en el diseño y realización de un vitral para la sede de la revista Social, vitral cuyas premisas conceptuales resaltan los significativos rasgos de la ilustración de Conrado W. Massaguer, su fundador. Para ello crea diferentes acabados y texturas, logrados a partir de la realización artesanal de todos los elementos de vidrio, empleando diferentes técnicas de soplado, fusionado y fundido. Así el virtuoso del vidrio Eduardo Veciana no sólo ha rescatado del olvido un oficio necesario para la preservación de irrepetibles obras de arte, sino que con su empeño y devoción los ha elevado a la categoría de arte imprescindible y atractivo a nuevas generaciones de artistas.