Tal vez porque crecí entre nostálgicos fervientes, descubrí a Emilio Roig de Leuchsenring, sin saberlo, a la muy temprana edad de ocho años, cuando un viaje familiar a la Habana Vieja me llevó a desandar las calles que, como primer Historiador de la Ciudad, el maestro rescató de la desmemoria.
Acercarse a la obra de Sandú Darié supone enfrentarse a un capítulo apasionante en la historia del arte cubano y latinoamericano: el abstraccionismo como vanguardia del siglo XX. Asimismo, conlleva entrar en la vida de un hombre que halló en la modernidad, voz y lenguaje.
En 1957, Mies van der Rohe proyectó la nueva sede de las oficinas para la Compañía de Ron Bacardi en Santiago de Cuba a pedido del presidente de la empresa, quién había sido impresionado en un encuentro anterior con el arquitecto en Chicago. El señor José M. Bosch, dueño de la empresa, le escribió a Mies una carta diciendo: “Mi oficina ideal es aquella en la que no hay tabiques, donde todos, tanto jefes como empleados, se ven unos a otros”.
Durante mis estudios de arquitectura, en la década de 1970, fui ubicada en el Parque Lenin para realizar una práctica profesional. Aunque ya las obras fundamentales habían terminado, y el parque estaba en explotación, todavía quedaban en el sitio dos oficinas encaminadas a la ejecución de nuevos proyectos recreativos y educativos para la capital.
La arquitectura vuelve a ser tema en Social, hoy desde la contemporaneidad, por la importancia de esta profesión no solo para el desarrollo económico del país, sino también para la sociedad y el embellecimiento de las diferentes ciudades de la Isla, cuyo entramado urbanístico se encuentra deteriorado.
Las Escuelas de Arte de la Habana han sido consideradas una de las experiencias arquitectónicas más singulares de la segunda mitad del siglo XX en Cuba. Es una de las pocas obras arquitectónicas de autor desarrolladas en el periodo posterior a la Revolución Cubana.
Considerado una de las siete maravillas de la ingeniería civil en Cuba el Puente de Bacunayagua es una de las obras ingenieras más innovadoras del país, debido sobre todo a lo difícil de las condiciones físicas del lugar donde se construyó, en particular los 103,50 metros de altura y sus 313 metros de largo, que le convierten en el puente más alto de Cuba.
Había leído con deleite un libro titulado El jardín de una isla, en el que la autora, la
poeta Celia Thaxter, narraba con delicada y hermosa minuciosidad su dedicación para
cuidar y hacer crecer un jardín. La historia acontecía a finales del siglo XIX en su casa,
situada en una rocosa isla de Appledore, en las costas de Maine, y aquel jardín todavía existe. Pensé en el desafío que supone crear y preservar estos oasis en los espacios isleños.
André de Urdaneta es un nombre que muy pocos identificarían de inmediato, a excepción de los historiadores especializados. Fue uno de los últimos exploradores y navegantes de la Península Ibérica cuyos viajes durante los siglos XV y XVI redibujaron el globo aproximadamente tal como hoy lo conocemos. Cristóbal Colón ha dado nombre a un país y a varias ciudades; Fernando Magallanes, a su famoso Estrecho.
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